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La historia del té verde se puede contar a través de la historia del emperador Shennong, considerado el padre de la agricultura y la medicina en la cultura china. Según narra la leyenda, él mismo descubrió sus beneficios para la salud cuando las hojas de un arbusto de té cayeron en su olla de agua hirviendo y le dieron al agua una tonalidad dorada. “Lo que el cielo envía, trae armonía a nuestra alma”, exclamó Shennong en ese instante. Así, en su camino por descubrir nuevas sustancias para curar enfermedades y aliviar dolores, experimentó con las hojas del té y comprobó que era un antídoto contra, al menos, 70 venenos distintos provenientes de otras plantas. 

Aunque no hay escritos sobre tal hecho, los estudiosos coinciden en que esta bebida se comenzó a consumir en esa época; es decir, hace 5000 años atrás. Es por esto que el té verde es considerado una de las bebidas más antiguas del mundo. Y, si bien al principio se consumía como medicina, con el tiempo fue convirtiéndose en una bebida popular por sus efectos positivos en la vida cotidiana. Tanto es así, que hoy el té verde es consumido por más de dos tercios de la población mundial, siendo la segunda bebida más consumida después del agua. 

Aunque China sigue estando a la cabeza (sólo allí se producen más de 2000 tipos de té verde), países como Japón, Corea e India también tienen una larga historia de consumo y producción de esta bebida. Ahora bien, ¿cómo se hace el té verde? A partir de las hojas de la planta Camellia sinensis, la misma que se utiliza para hacer té negro, té oolong y otros tipos de té. Lo que distingue al té verde es que las hojas no se fermentan ni oxidan durante su proceso de preparación, lo que ayuda a preservar los antioxidantes naturales y otros compuestos beneficiosos que se encuentran en las hojas. Por nombrar sólo algunas de sus propiedades, el té verde mejora la función cerebral, reduce el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares; ayuda a reducir los niveles de colesterol malo (LDL) y azúcar en sangre; disminuye el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y tiene efectos antiinflamatorios que ayudan a reducir el riesgo de ciertos tipos de cáncer. ¿Algo más? Sí, combate las caries y enfermedades periodontales por sus propiedades antibacterianas, aumenta la inmunidad gracias a su contenido de vitaminas E y C, previene el daño celular, protege la salud de los ojos y de la piel, y mejora la circulación periférica, aliviando manos y pies fríos.

Actualmente, el antiguo ritual del té tiene su Día Internacional el 15 de diciembre, una fecha que busca concientizar sobre sus virtudes filosóficas y medicinales. Sin ir más lejos, la sustancia L-teanina, un aminoácido que se extrae de las hojas de Camellia sinensis, es conocida por tener un efecto antiestrés, dado que aumenta la memoria y la concentración, mejora la calidad del sueño y actúa como un neuroprotector. Por esta razón, está relacionada con un estado mental armonioso, similar al de quienes practican la meditación. ¿Cómo no elegirlo para fomentar el bienestar del cuerpo, nuestro templo más sagrado?

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